LEÓNIDAS
DA SILVA
Por:
Alejandro Mayorga G.
Llovía
copiosamente y el terreno de juego del Estadio de Estrasburgo estaba
convertido en un verdadero lodazal.
En aquellos
años los campos no contaban con los sofisticados sistemas de drenaje
de ahora.
Leónidas,
el ariete brasileño, resolvió que los zapatos eran inútiles, se sentó
en el campo, se descalzó y los arrojó hacia el banquillo de su equipo.
Y sin
ellos marcó el segundo gol ante Polonia.
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Así
era el formidable "Diamante Negro", Leónidas da Silva, nacido
el 6 de septiembre de 1913 en Río de Janeiro.
sin duda uno de los centrodelanteros más brillantes de la
historia del fútbol mundial y del balompié carioca.
Su
extraordinaria habilidad y agilidad lo convirtieron rápidamente
en ídolo de su primer equipo, el Botafogo y su inevitable
comparación con el primer gran futbolista que dio Brasil,
el mulato de los años veinte Artur Friedenreich.
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Su instinto goleador lo llevaron de inmediato a formar parte del equipo
brasileño que participó en la Copa del Mundo de 1934 en Italia a sus
escasos 21 años.
Su aparición
en el evento fue tan fulgurante como la de su equipo.
Un solo
partido y una derrota ante la poderosa escuadra española por tres
goles a uno en la ciudad de Génova.
Leónidas
anotó el único gol de los "verdeamarehlos" al formidable arquero Ricardo
Zamora.
Sin embargo
esta desilusión no se repetiría cuatro años después ya que tanto Leónidas
como Brasil brindaron un excelente torneo.
Entre
1935 y 1938, Leónidas jugó para el Flamengo de Río y su estrella creció
a niveles inalcanzables.
Ya con
25 años y una total madurez como persona y en su juego "O Diamante
Negro" y la escuadra nacional arribaron a tierras francesas para convertirse
en la sensación del torneo.
Fue aquí
donde la magia del toque y trato del balón comenzó a dar sus primeros
frutos y a deleitar a los aficionados.
El primer
partido del certamen mundialista para el "scratch du oro" fue memorable.
El 5
de junio de 1938 Europa fue testigo del primer hombre que anotó cuatro
tantos en un partido.
"El hombre
de goma" como también se le conocía venció al portero polaco Madjeski
en cuatro ocasiones, una de ellas descalzo, en un partido que terminó
seis goles a cinco a favor de Brasil después del tiempo regular.
En los
cuartos de final los cariocas tuvieron que librar una feroz batalla
de 120 minutos contra Checoslovaquia, que eran los subcampeones de
1934, en lo que se denominó la "Batalla de Burdeós" por el saldo de
lesionados de ambos equipos que dejó el partido.
Leónidas
contribuyó con un gol en el encuentro que terminó con empate a un
tanto, por lo que dos días después se tuvo que disputar un partido
de desempate, en ese entonces no existían las series de penalties
para definir un ganador, en el cual Leónidas se volvió a hacer presente
en el marcador que concluyó favorable a los brasileños dos a uno.
A estas
alturas del torneo la disputa del título de campeón goleador se había
convertido en una carrera de punta a punta con el húngaro Zsengeller
que llevaba cuatro goles por seis del amazónico.
Al quedar
excluido del once titular que jugó la semifinal ante Italia supuestamente
para descansarlo para la final, Brasil perdió fuerza en el ataque
y sucumbió ante los "azzurri" por 2 a 1 lo que provocó un profundo
malestar entre la torcida brasileira contra el entrenador Ademar Pimhenta.
Con
los ánimos por los suelos los brasileños saltaron a la cancha para
enfrentar a los suecos en el partido por el tercer lugar. Los nórdicos
pagaron los platos rotos y Brasil con todos sus titulares dieron una
catedra de arte y magia en el manejo del esférico.
Leónidas
marcó dos goles más y con un total de ocho se proclamó campeón de
goleo del mundial ya que Zsengeller no anotó en la final de la justa.
A su
regreso a Brasil, Leónidas continuó jugando con el Flamengo hasta
1942 donde consiguió anotar 142 goles en conco temporadas.
Con treinta
años y a un gran nivel, firmó con el Sao Paulo por la entonces cifra
récord de 200 contas y jugó hasta 1950 cuando se retiró a los 37 años
de edad.
Después
se convirtió en entrenador y comentarista de radio hasta que dejó
el fútbol para siempre y se dedicó a manejar una mueblería en la ciudad
de Sao Paulo.
El arte
con que manejaba el balón con sus pies fue objeto de cientos de poemas,
canciones y bailes en su honor.
Se dice
que fue el inventor del golpe al balón "de bicicleta" algo que realizaba
con las dos piernas, además de que tenía un mortífero remate de cabeza.
Sin
duda un fuera de serie que también pasó por el fútbol uruguayo con
el Nacional de Montevideo en 1933 y con el Vasco da Gama un año después.
La suspensión
de los mundiales de 1942 y 1946 por el conflicto bélico mundial le
privaron de seguir mostrando su calidad en el mundo entero pero eso
no le impidió que su nombre quedará registrado con letras doradas
en la historia del futbol mundial y brasileño en la era pre-Pelé.
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